Archivo para 28 agosto 2011

Daniela.

Los gusanos se han comido los restos de ese día de campo en el que tuvimos que salir corriendo. Era un día de campo en el que pensábamos salir de todo lo que se había convertido nuestras vidas cuando tu respiración cambió y tuvimos que salir corriendo. Fue una de las señales que mencionó el doctor en la última visita que tuvimos “Si sienten que su ritmo cardiaco cambia tienen que venir, si sienten que su respiración cambia tienen que venir, si su piel cambia de color tienen que venir.”

“Salimos corriendo al hospital esperando llegar a tiempo, estos últimos meses se me han hecho eternos y al mismo tiempo han pasado tan rápido. Sólo espero que esta visita sea la última y que desde ahora nuestra vida sea mejor.” Ja, que iluso era, que tonto fui. Esa última visita, esa en la que fuimos corriendo dejando las sobras de comida de nuestro día feliz juntos fue el día en el que nos dijeron que tu vida corría aún más peligro que en el resto del embarazo, por más que lo intentaron no habían podido controlar la eclampsia y tu presión arterial funcionaba según sus propias reglas. Esa niña que tenías en el vientre, que pronto sería nuestra hija, te robaba la vida a cada segundo. Ella era el resultado de nuestras vidas juntas, encontradas en un sólo punto. Era nuestra vida y a ti poco a poco te la estaba robando. Era raro verte sonreír con tanta facilidad aún al saber que estabas muriendo de a poco.

“Daniela” me dijiste en uno de esos días en los que estábamos acostados en mi cama viendo el techo “Si es niña quiero que se llame Daniela, alguien me dijo que significaba justicia de Dios y si al final Dios va a decidir entre mi vida y la suya quiero que la justicia sea la razón para que ella viva desde su primer momento fuera de mi.” Sonreí y te vi hacer lo mismo, te dije que estaba bien, que era un lindo nombre. “Daniela me gusta, es un nombre fuerte y aún así es lindo” Eran los instantes que vivíamos como si no hubiera mañana o más bien, los instantes que vivíamos sabiendo que quizás ya no habría un mañana para nosotros.

Es curioso como una vida puede cambiarlo todo y más aún cambiarlo todo cuando aún no tiene conciencia de si misma. Daniela vino a cambiar nuestras vidas desde el momento en que decidimos vivir juntos. Queríamos un departamento pequeño, sólo para nosotros. Queríamos dos cuartos uno sería tu estudio. ¿Te acuerdas cuanto tardamos decorando ese pequeño lugar como tu querías? ¿Te acuerdas como empezamos a planear el cambio del estudio a su cuarto cuando supimos que estabas embarazada?

Llegamos al hospital y nos atendieron en urgencias, te veías muy débil pero no dejabas de sonreír. Me había costado aceptarlo pero tu estabas segura, si en algún momento se tenía que decidir si tu vida o la de Daniela, ella era quien debía sobrevivir. Te llevaron al quirofano, intentaron salvarlas a ambas pero después de algunas horas de angustia una enfermera salió y me avisó que no lo habías logrado.

Es curioso estar en un funeral con un bebé esperando por ti en el hospital, esperando en los cuneros a que llegue su papá a abrazarla. Se que era tu deseo y sólo por eso se va a llamar Daniela, sólo por eso Daniela y yo vamos a seguir adelante hasta que el tiempo nos impida seguir caminando.

Y desde aquí vamos a recordar a la mejor madre del mundo, que decidió dar su vida por la de su hija, de una manera más que poética, literal.

Este mundo.

Hola.

Esta es la última carta antes del fin del mundo. Esa que no escribí, esa que nunca te di. Esa que se quedó en mi mente esperando que todo no se resquebrajara y que al final no tuvo sentido. Este es el último momento que nunca compartimos.

Desde el mundo que dejamos atrás, ese que poco a poco se llenó de basura, yo si me di cuenta que todo se estaba hundiendo y la verdad esperaba que entre los dos pudiéramos reconstruirlo pero poco a poco perdí la fe y al final preferí hacer que las bombas de emergencia explotaran a ver como los gusanos carcomían lo poco que nos quedaba.

Ese mundo ha muerto.

Esta carta, la que no debió ser, fue pensada como la nave de escape. ¿Alguna vez has escuchado sobre Kal-lel? Ese, el último hijo de kriptón, que era la esperanza de toda una raza. A él lo mandaron lejos de su mundo antes de que colapsara, algo así como esa carta.

Ese mundo colapsó.

Hoy, tan lejos de todo y esperando a que un mundo nuevo nazca volteo la mirada hacia las cenizas de nuestra vida juntos. No me arrepiento de nada y ahora es una linda historia, realmente sólo espero que a donde sea que hayas ido estés bien. Espero que los mundos a los que hayas escapado no hayan sido hostiles y que de ahora en adelante la aventura sea tuya. Espero que tu mundo siga intacto.

Ese mundo ya no existe.

Hoy, mi mundo ya está limpio. Mi mundo ha reaparecido de entre el polvo de otras vidas. Hoy otro mundo está naciendo y no tengo miedo a las colisiones. Hoy mi mundo esta bien y espero que tú lo estés.

Hoy, ese mundo debe ser una historia.

Ese mundo debe ayudarte a seguir adelante.

Hoy te escribo desde lejos, esperando que al final todo esté bien pronto.

Mamá

Nada parece ser lo mismo en esta casa desde que te fuiste, nunca fuimos una familia funcional pero ellos te extrañan y la verdad yo también. No es lo mismo para los niños, últimamente les grito mucho y realmente no es mi intención pero a veces siento que las cosas serían muy distintas si no te hubieras ido. No puedo reprocharte nada, mientras estuviste en nuestras vidas todo fue de maravilla pero hay días en los que duermo llorando preguntándome si no hubiera sido mejor que hubiera muerto yo. Tengo miedo de no ser un buen padre y la verdad me haces mucha falta. Andrea está creciendo muy rápido y siento que ya no la entiendo, que ahora las cosas de las que me habla no son cosas que yo pueda comprender.

Se levantó, arrugó la hoja y la lanzó a la chimenea. La vio quemarse, desvanecerse, se encendía para al final ya no existir. Según la terapeuta estas cartas le hacían bien, según ella era bueno para él decirle todo lo que tenía dentro. No le ayudaban a que regresara, eso era imposible. Pero, según la terapeuta, era bueno dejarla ir. Según la terapeuta su vida tenía que seguir, sin ella.

Yo lo sé porque lo escucho llorar en las noches y una vez tiró a la basura la carta y la leí. Se siente muy solo. Cree que no podemos estar bien y la verdad no sé como ayudarlo, Andrea no coopera y yo … yo pareciese que no existo. A veces la soledad nos envuelve a todos y la casa se ve más oscura que de costumbre.

Recuerdo que una de esas veces que la casa se veía oscura y sola un amigo me invitó a salir, a ir a su casa a dormir y le dije que no, usé una mentira más. Le dije que iríamos de vacaciones y que la casa estaría sola unos días que no podía. Al final, desde afuera la casa parece sola cuando terminamos estando todos así.

A veces temo caer en la locura o temo ya estar loco. En esta casa nadie parece ser feliz, nadie parece estar de acuerdo con vivir. A veces temo que todo esto no sea sólo una etapa. A veces temo que esto será nuestro final. La familia se desmorona y al mismo tiempo cada integrante se cae a pedazos. Andrea … Andrea parece ser la única que al final, puede salir de aquí. Te extraño mamá, extraño que todo sea como debe, extraño que Andrea duerma en casa diario y que papá no llore pensando en tí. Extraño que me arropes antes de dormir.

Nonsense bullshit out of the pen.

Estás lejos
escondida entre los árboles

ocultándote de mi

esperando.

Estás lejos

esperando a que te llame

hoy no voy a odiarte

tampoco a buscarte

Estás lejos

Que mal por ti.

Ya no me sabes.

Cualquiera diría que hoy desperté del lado izquierdo de la cama, la verdad es que desperté en el lado derecho, el lado en el que dormiste. No sé que sea peor, pero es malo o al menos eso parece. Siempre duermo del lado izquierdo, al menos si acostado ves el techo es el lado izquierdo y yo no sé que tienen las mujeres que todas eligen el derecho.

Ella estuvo a mi lado derecho mientras dormía, con ella dormí abrazado a su lado izquierdo, ella se volteó y me dio la espalda en el lado derecho.

Hoy desperté ahí, acurrucado en el lado derecho de mi cama con frío y esperando a que alguien me abrazara. No es tristeza y no es enojo quizá es un poco de melancolía.

Quizá todo hubiera sido diferente si yo no fuera quien soy, si te hubieras enamorado de mi y no de la imagen que tenías de mi quizá así todo sería diferente. Quizá así no necesitarías saber mis razones para estar contigo o quizá así estarías segura de lo que te digo.

Mi cama siempre está vacía, pero cuando hay alguien todo el cuarto es diferente y los cambios siempre son relativos a las personas. Con ella todo brilla, con ella las paredes son más blancas, con ella las cobijas son pesadas, con el es más pequeño todo, con ella todo está a oscuras. Todos son distintos, uno puedes ser tú o puedo ni siquiera estar hablándote. Ella ya no eres tú.

“Hola (coma) al parecer estás perdida y ni yo puedo encontrarte (punto) Espero que para cuando esto llegue a ti (coma) todo parezca familiar y te hayas encontrado (punto)” Que lástima que los telégrafos ya no sean prioridad, que lástima que no sepa donde está ella.

Que lástima que ella ya no seas tú y que al final, todo parece una repetición. Que lástima que ahora no me sepas o más bien, me ignores.

Mi cama está vacía y yo estoy esperando a que alguien entre al cuarto a cambiar su estado por uno más real. Al menos cuando ellos cambian el estado el cuarto, no estoy tan solo.

Toma dos.

¿Tangamandapio? Eso suena a pueblo olvidado por Dios – Dijo el Junior a su amigo mientras le daba una mordida a su taco- ¿Para qué vamos a ir a un lugar así?

Porque ahí tienen una casa mis papás, va a estar sola todo el fin de semana y voy a hacer una fiesta. Agarramos la explorer, nos llevamos a varios ahí y los demás que lleguen. Hay 4 cuartos cabemos bastantes. No te hagas el santo y ya, di que si vas.

Suspiró, le tomó a la Coca-Cola Light y respondió- Ahí estaré, aunque la verdad, no me dan muchas ganas.

Va a ir Rebeca – Y Juan volteó se subió a la moto y se fue, las luces se alejaron y Diego se quedó a terminar de cenar.

Diego estaba recostado en su cama, giraba de un lado a otro sin encontrar como acomodarse. Era la tercera vez en la noche que despertaba y no podía conciliar el sueño, el vaso con agua ya estaba vacío y sus ojos verdes se veían brillantes con la luz de la calle que entraba por la ventana.

Nada tenía sentido en el sueño.

No, no tenía sentido porque no era un sueño, era un recuerdo. Era de día en la casa de Rebeca y estaban solos, estaban por sentarse a comer y ella comenzó a sentirse mal, se recostó y Diego la acompañó. Él estaba buscando alguna aspirina, ella sólo estaba fingiendo. Rebeca llevaba años luciendo su cuerpo, hablando con Diego y estando cerca de él pero el no parecía entender las indirectas. Eso iba a cambiar, ella lo había decidido. Diego volvió del baño con una caja de aspirinas y Rebeca estaba parada a un lado de la puerta, cuando entró la cerró y pudo verla, estaba en ropa interior. La reconoció, el la había acompañado a comprarla, era blanca con puntitos rojos. El sol dejaba entrar sus últimos rayos por la ventana del cuarto de Rebeca iluminando su cadera mientras se paseaba por el cuarto, parecía una flama moviéndose con el viento, como bailando un tango con las cortinas. Su cuerpo, delineado por la luz y la ajustada ropa interior, se veía amenazante. Ella era un depredador y el no encontraba la manera de escapar o al menos no entendía porqué estaba a punto de terminar en la cama con Rebeca. Su Rebeca. Se acercó a él y lo tomó por el cuello. Ese fue el único momento sutil de ese día. El único momento en el que algo encajaba. Era su amiga, era la que siempre estaba ahí, esto no tenía porqué estar pasando así y no es que no lo quisiera, sólo no lo comprendía. Comprender, comprender es algo que no es necesario cuando pasan estas cosas pero al día siguiente todo pesa como si se cargara el mundo en la espalda. Él se fue temprano ese día, desde entonces no se ven.

Soñó tres veces con lo mismo, no era coincidencia, sabía que Juan lo había puesto nervioso por recordarle que Rebeca iría a la fiesta en Tangamandapio. Sería la primera vez que la vería desde ese día, no sabía si ir o no. Estaba confundido, pero ya encontraría la solución. Al despertar intentó tocar algo en la vieja telecaster para desestresarse pero nada salía. Al final debía actuar y dejar de preguntarse todo, marcó a juan y le dijo “Me voy a llevar el coche, me avisas a que hora y dónde te veo para seguirte.” La siguiente llamada la pensó aún menos, pero definiría lo que fuera a suceder.

“Rebeca, ¿Quieres irte conmigo a lo de Juan, me voy a llevar el coche?”

“Si”

“Lo demás aún está por definirse.” Le dijo Juan a Mariela mientras terminaba de contarle lo que le había dicho Diego antes de aceptar ir a la fiesta y arrancó la camioneta.

Escapar.

El tren estelar se alejaba lentamente de la tierra, era la salida de emergencia y como tal, la última esperanza de un planeta sin recursos. Era lo más parecido a un zoológico, si los zoológicos fueran probetas criogénicamente preservadas con ADN de todos los animales existentes en la tierra, era la versión futurística del Arca de Noé.

Los tripulantes eran pocos porque sólo se necesitaba gente que cuidara de la maqinaria y dos seres humanos que iban como parte del arca. Encargados de ser los siguientes “Adán y Eva” de a donde fuera que fuese el próximo planeta que los humanos habitaran o, al menos esperaban que esta vez si encontraran un lugar habitable. No nos quedaba mucho tiempo, ni recursos y para ser francos casi no quedaban esperanzas.

Parecía que algo más grande que nosotros, un Dios, un Creador, lo que fuera, nos estaba castigando. Llevabamos años intentando un lugar a dónde huír, un lugar que sirviera de planeta de repuesto, años fallando en incontables ocaciones y la tierra pareciese debilitarse a cada año que pasa. Alguien dijo una vez, y ahora creo más que nunca que tiene razón, que “Quizá Dios sólo nos dará un planeta nuevo hasta que destruyamos este” ¿Qué límites tendremos que romper para que todo empiece de nuevo?

El tren se alejaba y ahora sólo quedaba esperar, creer. Seguir creyendo que algo bueno iba a pasar, que encontraríamos un lugar a dónde ir y que el fin era sólo otro principio. La humanidad entera estaba aferrada a ese instante en el que ya no tienes nada que peder y aún así intentas recuperarlo todo en lugar de ser libre y vivir los últimos momentos.

Muchos estaban seguros que la solución era entregarse al pecado, estaban seguros que si ya no había esperanza y ese Dios nos había abandonado sus reglas no tenían porqué seguir importándonos. Party like it’s hell on earth baby! Entre las cosas más comunes de esos días estaba encontrar entre las calles de la ciudad casas en las que pareciese que las luces nunca se apagaban y, para ser francos, en verdad nunca lo hacían. Lo único que se cobraba era lo que quisieras consumir para estar a tono, lo demás era gratis, la música era continua y las luces iluminaban lo necesario, pero sin parar.

Otros tantos decidieron que, quizá vivir ya no era la respuesta, quizá el punto de la destrucción era llevarla al extremo, autodestruirse para renacer. Eligieron el suicidio, multitudes murieron en esos momentos, pero nunca fue suicidio en masa. Era una idea que mucha gente tenía y no por eso fue algo que sucedio en grupos. Cada quien lo hacía solo y, coincidentemente, muchas personas lo hacían al mismo tiempo.

Yo, aquí en el tren estelar, realmente no creo nada. Nada importa cuando tienes tanto tiempo para pensar. Nacer y morir es lo único que pasa y eventualmente dejará de pasar. Eso es todo. Aunque el planeta que encontremos tenga libélulas verdes volando entre bosques amarillos, eventualmente ahí también moriremos y algunos querrán huír de nuevo pero, es tarde y tengo que revisar que todo esté en orden. Sería una tragedia que por estar grabando esto no encontraramos a donde ir ¿O no?

Cambio y fuera