Aeropuerto.

Un avión despegaba y desde las afueras del aeropuerto un joven observaba como iba acercándose, se elevaba y al final se iba perdiendo, poco a poco, entre las nubes. Varios aviones pasaron, varios llegaron, varios se fueron. El seguía ahí, parado, observando entre los barrotes el aeropuerto, esperando que el tiempo pasara y ella volviera.

Todos los aviones lucen igual al perderse entre las nubes y cada uno le recuerda a su pasado, a esa vez que el avión se fue y se llevó una parte de él en el asiento 17c. El asiento 17b iba vacío, nadie lo ocuparía en todo el vuelo (a menos que alguien pidiera ocuparlo ya iniciado el viaje) porque ese era su asiento, era su asiento porque a ella le gustaba ver las nubes desde arriba por la ventana del avión. Le emocionaba observar el mundo como se supone que los humanos no deberíamos.

¿Cómo estaba el tan seguro de eso, si no estaba en ese avión? Sencillo, el vino con ella la primera vez que visitaron esta ciudad, sería por unos meses y estaban juntos aquí como amigos. Ella le rogó que vinieran, le dijo que se divertirían, que le haría bien salir de su ciudad. Ella no sabía que él haría lo que fuera por estar con ella, ella no sabía que estaba enamorado de ella desde hacía ya algo de tiempo. Él era inseguro y si tuvieras que nombrar un defecto suyo definitivamente sería la indecisión, nunca sabía que hacer porque siempre tenía miedo. Las opciones no eran sus mejores aliadas y pensaba que sin importar que hiciese iba a perder. Su ego estaba muy golpeado y su autoestima ni se diga, el rechazo causa eso y más, pero él quería estar con ella y ella le estaba rogando que la acompañara. Aceptó, se abrazaron, se despidieron y días después empezaron a planear todo para el viaje. Iban a quedarse en una casa de una tía suya, que se las rentaría barato a cambio de que la cuidaran, ya que la chica que solía visitar la casa para cuidarla iba a estar de vacaciones; ellos aceptaron ya que la cuota era baja y la casa era bonita, era conveniente. La únicadesventaja era que sólo había una habitación y él pensaba que tendría que dormir en el estudio, al menos a eso sonó cuando ella le contó que sólo había una habitación.

Él sigue ahí, parado viendo los aviones, lo hace cada viernes a las 4 de la tarde. No tienes que ser adivino para saber que ese fue el día que se fue, pero también llegaron un viernes a esta ciudad, muchas cosas les pasaron en viernes y por eso son importantes para él.

Prepararon las maletas, se despidieron de sus familias, se encontraron en el aeropuerto de su ciudad y platicando esperaron el momento de abordar. Fue en ese momento en el que ella le preguntó “¿No hay problema que sea sólo una habitación? Me daba pena preguntarlo, pero pues es lo que hay y no me molesta que durmamos juntos.” Él, que para como era la situación era bastante nueva, no sabía que contestar así que en un acto de agilidad mental respondió “No hay problema, tonta, hace mucho que nos conocemos y no sería la primera vez que dormimos juntos”. El momento incómodo pasó y se siguieron riendo, si, dormir en el suelo de alguna casa después de alguna fiesta era algo que les había pasado varias veces pero esto sería por unos meses y sería en la misma cama. No dejaba de preguntarse si había respondido bien y si no sería incómodo al momento de llegar, pero los nervios de ambos por ser la primera vez en viajar en avión le impedían seguir preguntándose que pasaría.

Sus amigos le han dicho que deje de ir, que no es bueno que siga yendo a ver los aviones, que no volverá. Él sigue sin hacerles caso y puntual está ahí, esperando a que algo pase, algo inesperado, algo que lo saque de nuevo de su realidad absurda.

Cuando llegaron a la casa fue amor a primera vista, tenía un pequeño patio y era de un piso, el estudio era pequeño y la sala grande, la habitación tenía una cama matrimonial, había internet y televisión por cable. Empezaron a desempacar y a acomodar la ropa en la cama para después ver donde la pondrían. Ella decidió que si de por si iban a compartir cuarto podían compartir el closet, así que empezaron a guardar las cosas y cuando terminaron estaban agotados. Fueron a un Oxxo que estaba cerca de la casa a comprar cosas para cenar, con lo poco que compraron él preparó la cena y se sentaron en el comedor, cenaron en silencio, nerviosos por lo que podría pasar en la primera noche que compartirían. Nadie lo decía pero sabían que la tensión que había era porque ambos esperaban que algo fuera a pasar, sólo que no sabían qué.

Lo único permanente en este aeropuerto es su ausencia, no importa cuantas veces venga a esperarla ella no está y todo parece recordarle esos momentos que compartieron. Esos meses en lo que todo fue perfecto.

Esa noche por primera vez ella lo besó, antes de dormir, estando acostados platicando ella le dijo que moría de sueño y que los esperaba un día largo, después sin avisar lo besó. Así comenzó esos meses perfectos en los que, gracias a la familia de ella, tenían donde dormir, habían conseguido un trabajo y salían a conocer la ciudad. Conocieron amigos y lugares. La cama era su refugio y la casa su hogar, al final él descubrió que ella estaba enamorada de él. Ella siempre lo estuvo pero nunca supo que hacer porque el no daba pie a nada, pero en esos meses juntos todo funcionó.

Él se va del aeropuerto, al departamento donde ahora está viviendo, solo.  Es un departamento pequeño en una zona barata, es lo que le alcanza para pagar con el trabajo nuevo que consiguió y después de mandarle la mitad del dinero. Ella no le pide nada pero él siempre lo hace, él sólo espera que en algún momento vuelva. Ya han pasado dos años y el no deja de esperar.

Las cosas fueron en espiral cuando ella le contó que en casa tenía un novio, esperando por ella, que eventualmente esto terminaría y ella tendría que volver. Que no sabía que hacer. Con lágrimas en los ojos le dijo que estaba embarazada y que cuando le dijo a sus padres, la obligaron a volver, que ya tenía el boleto de avión y que todo funcionaría para que pareciese que estaba embarazada de su novio, que todo tenía que ser como antes. Que él no la podía buscar, que su familia se lo había prohibido y que tenía que buscar a donde ir porque no sería bueno que lo encontraran viviendo en la casa. Le dijo llorando que lo amaba, que las cosas no tenían porqué haber pasado así, que él le había dado los mejores momentos de su vida pero que no podía hacer nada contra su familia. Que esto era la despedida, que no la buscara más.

El fue a ver el avión despegar, había comprado un boleto a su lado para volver juntos a su ciudad pero ella le pidió que no fuera, le rogó que no lo hiciera, le dijo que era mejor que nadie lo viera llegar con ella. Desde entonces el va a esperar que vuelva, no deja de pensar que pronto estarán juntos, que conocerá a violeta. Violeta era el nombre que le pondrían a su hija si fuera niña, al menos eso decían cuando lo imaginaban. El nunca ha visto a Violeta, pero nunca dejará de soñarla. Hoy faltan menos días para que sea viernes de nuevo y el vaya a esperar que vuelva.

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