Quiero tomar tu mano.

Mira ¿Puedes ver desde aquí a esa chica que está en el parque? – Le preguntó Mario a Joaquín – Lleva viniendo al parque un mes, diario viene a sentarse en la misma banca a leer un libro. Hasta ahora van tres libros distintos y ayer vino con un café en la mano. Siempre está sola y casi siempre usa vestidos.

Así que ¿Me invitaste a tu casa para contarme que has estado vigilando a una chica por un mes? – Contestó Joaquín a punto de reírse- Si que estás loco, Mario, ¿De qué te sirve saber que viene diario si nunca has bajado a saludarla? ¿A caso esperas que de la nada un  día ella suba por las escaleras a visitarte?

Mario suspiró, le dio una fumada al cigarro que traía en la mano y se recargó en el barandal del balcón. No es que realmente espere que suba y tampoco pienso bajar pero me gusta obsevarla, es linda y sigue patrones, siempre está leyendo y le gusta el café. No quiero conocerla y que sea una tonta cualquiera. No quiero que ella, siendo sólo una imagen se convierta en una persona y ambas dejen de coincidir. – agachó la cabeza para seguir viéndola desde el balcón mientras tarareaba una canción- ¿Me explico? Desde aquí es perfecta, en cuanto la salude se va a romper el encanto.

Eres un fatalista, las cosas no siempre tienen que ser así y para ser francos te convendría salir con alguien, después de todo te la pasas encerrado y Andrea y yo somos los únicos que venimos a visitarte. Sería lindo llegar un día y encontrarte en el parque en lugar de aquí, leyendo como de costumbre. Es más, esa puede ser la forma de hablarle; tú siempre estás leyendo también. Vamos a hacer un trato, toma el libro que estés leyendo y baja ahora mismo a sentarte con ella, como si no te importara y te pones a leer. Si te habla logramos algo y si no, al menos puedes verla desde más cerca.

Tomó su libro, agarró las llaves del departamento y salió por la puerta, no sin antes gritar “SI ALGO SALE MAL ME VAS A DEBER UNA CERVEZA” se escuchaban sus pasos por las escaleras mientras iba bajando los tres pisos del edificio hacia la calle, seguía tarareando una canción cuando llegó a la puerta. Abrió la puerta de cristal y cruzó la calle hacia el parque, se sentó en la banca donde estaba sentada la chica, cruzó las piernas y se puso a leer.

Hola stalker – dijo la chica sin dejar de ver el libro que estaba leyendo- ¿Por fin te decidiste a venir a saludarme en lugar de verme desde arriba?

Mario no sabía donde esconderse, estaba apenado y bastante sonrojado- Perdón, no era mi intención incomodarte, puedo irme a casa si es lo quieres. Realmente lo siento.

No me incomodas, me gusta que decidieras venir. Al principio es raro que alguien te observe mientras lees pero llega un momento en el que ya no puedo ni concentrarme en los personajes por estar pensando en si decidirás venirme a saludar o no, supongo que a partir de ahora leer volverá a ser sencillo. Me llamo Gabriela, por cierto.

Uh, hola, supongo. Me llamo Mario. En serio perdón, pero es raro que alguien venga a leer por aquí y me gusta mucho la ropa que sueles elegir para venir. Digamos que eres algo totalmente fuera del contexto de mi pequeño campo visual y terminé intrigado contigo.

Por no mencionar que ya tienes una imagen de mi y que es tan grande que no querías venir a romperla -dijo Gabriela dejando el libro en la banca y sonriendo mientras lo veía- ¿Te vas a quedar callado o es que acaso la imagen ya se rompió?

El se quedó viéndola, su sonrisa burlona, sus ojos verdes, su cabello castaño un poco ondulado cayendo por su espalda. Definitivamente era mejor verla de cerca, su piel morena contrastaba con sus ojos y cuando sonreía se le hacían hoyuelos en las mejillas. Es que no sé que decir -contestó Mario apenado- ¿Qué estás leyendo?

El cielo empezó a cambiar de color, el rojo y el morado empezaron a brillar cerca del edificio de Mario y poco a poco empezó a anochecer el viento pasaba por el parque y el frío hizo que Gabriela y Mario fueran a un café a seguir platicando, pasaron horas, pasaron días. Seguían viéndose y platicando.

Un día, Mario platicando con Joaquín, le dijo- No te hagas tonto, me debes una cerveza.

-¿Porqué una cerveza si van más de dos meses que sigues viéndola?

-Porque algo salió mal cuando la conocí

-¿Qué salió mal?

-Perdí ante una imagen que no se rompió.

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