Escapar.

El tren estelar se alejaba lentamente de la tierra, era la salida de emergencia y como tal, la última esperanza de un planeta sin recursos. Era lo más parecido a un zoológico, si los zoológicos fueran probetas criogénicamente preservadas con ADN de todos los animales existentes en la tierra, era la versión futurística del Arca de Noé.

Los tripulantes eran pocos porque sólo se necesitaba gente que cuidara de la maqinaria y dos seres humanos que iban como parte del arca. Encargados de ser los siguientes “Adán y Eva” de a donde fuera que fuese el próximo planeta que los humanos habitaran o, al menos esperaban que esta vez si encontraran un lugar habitable. No nos quedaba mucho tiempo, ni recursos y para ser francos casi no quedaban esperanzas.

Parecía que algo más grande que nosotros, un Dios, un Creador, lo que fuera, nos estaba castigando. Llevabamos años intentando un lugar a dónde huír, un lugar que sirviera de planeta de repuesto, años fallando en incontables ocaciones y la tierra pareciese debilitarse a cada año que pasa. Alguien dijo una vez, y ahora creo más que nunca que tiene razón, que “Quizá Dios sólo nos dará un planeta nuevo hasta que destruyamos este” ¿Qué límites tendremos que romper para que todo empiece de nuevo?

El tren se alejaba y ahora sólo quedaba esperar, creer. Seguir creyendo que algo bueno iba a pasar, que encontraríamos un lugar a dónde ir y que el fin era sólo otro principio. La humanidad entera estaba aferrada a ese instante en el que ya no tienes nada que peder y aún así intentas recuperarlo todo en lugar de ser libre y vivir los últimos momentos.

Muchos estaban seguros que la solución era entregarse al pecado, estaban seguros que si ya no había esperanza y ese Dios nos había abandonado sus reglas no tenían porqué seguir importándonos. Party like it’s hell on earth baby! Entre las cosas más comunes de esos días estaba encontrar entre las calles de la ciudad casas en las que pareciese que las luces nunca se apagaban y, para ser francos, en verdad nunca lo hacían. Lo único que se cobraba era lo que quisieras consumir para estar a tono, lo demás era gratis, la música era continua y las luces iluminaban lo necesario, pero sin parar.

Otros tantos decidieron que, quizá vivir ya no era la respuesta, quizá el punto de la destrucción era llevarla al extremo, autodestruirse para renacer. Eligieron el suicidio, multitudes murieron en esos momentos, pero nunca fue suicidio en masa. Era una idea que mucha gente tenía y no por eso fue algo que sucedio en grupos. Cada quien lo hacía solo y, coincidentemente, muchas personas lo hacían al mismo tiempo.

Yo, aquí en el tren estelar, realmente no creo nada. Nada importa cuando tienes tanto tiempo para pensar. Nacer y morir es lo único que pasa y eventualmente dejará de pasar. Eso es todo. Aunque el planeta que encontremos tenga libélulas verdes volando entre bosques amarillos, eventualmente ahí también moriremos y algunos querrán huír de nuevo pero, es tarde y tengo que revisar que todo esté en orden. Sería una tragedia que por estar grabando esto no encontraramos a donde ir ¿O no?

Cambio y fuera

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