Toma dos.

¿Tangamandapio? Eso suena a pueblo olvidado por Dios – Dijo el Junior a su amigo mientras le daba una mordida a su taco- ¿Para qué vamos a ir a un lugar así?

Porque ahí tienen una casa mis papás, va a estar sola todo el fin de semana y voy a hacer una fiesta. Agarramos la explorer, nos llevamos a varios ahí y los demás que lleguen. Hay 4 cuartos cabemos bastantes. No te hagas el santo y ya, di que si vas.

Suspiró, le tomó a la Coca-Cola Light y respondió- Ahí estaré, aunque la verdad, no me dan muchas ganas.

Va a ir Rebeca – Y Juan volteó se subió a la moto y se fue, las luces se alejaron y Diego se quedó a terminar de cenar.

Diego estaba recostado en su cama, giraba de un lado a otro sin encontrar como acomodarse. Era la tercera vez en la noche que despertaba y no podía conciliar el sueño, el vaso con agua ya estaba vacío y sus ojos verdes se veían brillantes con la luz de la calle que entraba por la ventana.

Nada tenía sentido en el sueño.

No, no tenía sentido porque no era un sueño, era un recuerdo. Era de día en la casa de Rebeca y estaban solos, estaban por sentarse a comer y ella comenzó a sentirse mal, se recostó y Diego la acompañó. Él estaba buscando alguna aspirina, ella sólo estaba fingiendo. Rebeca llevaba años luciendo su cuerpo, hablando con Diego y estando cerca de él pero el no parecía entender las indirectas. Eso iba a cambiar, ella lo había decidido. Diego volvió del baño con una caja de aspirinas y Rebeca estaba parada a un lado de la puerta, cuando entró la cerró y pudo verla, estaba en ropa interior. La reconoció, el la había acompañado a comprarla, era blanca con puntitos rojos. El sol dejaba entrar sus últimos rayos por la ventana del cuarto de Rebeca iluminando su cadera mientras se paseaba por el cuarto, parecía una flama moviéndose con el viento, como bailando un tango con las cortinas. Su cuerpo, delineado por la luz y la ajustada ropa interior, se veía amenazante. Ella era un depredador y el no encontraba la manera de escapar o al menos no entendía porqué estaba a punto de terminar en la cama con Rebeca. Su Rebeca. Se acercó a él y lo tomó por el cuello. Ese fue el único momento sutil de ese día. El único momento en el que algo encajaba. Era su amiga, era la que siempre estaba ahí, esto no tenía porqué estar pasando así y no es que no lo quisiera, sólo no lo comprendía. Comprender, comprender es algo que no es necesario cuando pasan estas cosas pero al día siguiente todo pesa como si se cargara el mundo en la espalda. Él se fue temprano ese día, desde entonces no se ven.

Soñó tres veces con lo mismo, no era coincidencia, sabía que Juan lo había puesto nervioso por recordarle que Rebeca iría a la fiesta en Tangamandapio. Sería la primera vez que la vería desde ese día, no sabía si ir o no. Estaba confundido, pero ya encontraría la solución. Al despertar intentó tocar algo en la vieja telecaster para desestresarse pero nada salía. Al final debía actuar y dejar de preguntarse todo, marcó a juan y le dijo “Me voy a llevar el coche, me avisas a que hora y dónde te veo para seguirte.” La siguiente llamada la pensó aún menos, pero definiría lo que fuera a suceder.

“Rebeca, ¿Quieres irte conmigo a lo de Juan, me voy a llevar el coche?”

“Si”

“Lo demás aún está por definirse.” Le dijo Juan a Mariela mientras terminaba de contarle lo que le había dicho Diego antes de aceptar ir a la fiesta y arrancó la camioneta.

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