Daniela.

Los gusanos se han comido los restos de ese día de campo en el que tuvimos que salir corriendo. Era un día de campo en el que pensábamos salir de todo lo que se había convertido nuestras vidas cuando tu respiración cambió y tuvimos que salir corriendo. Fue una de las señales que mencionó el doctor en la última visita que tuvimos “Si sienten que su ritmo cardiaco cambia tienen que venir, si sienten que su respiración cambia tienen que venir, si su piel cambia de color tienen que venir.”

“Salimos corriendo al hospital esperando llegar a tiempo, estos últimos meses se me han hecho eternos y al mismo tiempo han pasado tan rápido. Sólo espero que esta visita sea la última y que desde ahora nuestra vida sea mejor.” Ja, que iluso era, que tonto fui. Esa última visita, esa en la que fuimos corriendo dejando las sobras de comida de nuestro día feliz juntos fue el día en el que nos dijeron que tu vida corría aún más peligro que en el resto del embarazo, por más que lo intentaron no habían podido controlar la eclampsia y tu presión arterial funcionaba según sus propias reglas. Esa niña que tenías en el vientre, que pronto sería nuestra hija, te robaba la vida a cada segundo. Ella era el resultado de nuestras vidas juntas, encontradas en un sólo punto. Era nuestra vida y a ti poco a poco te la estaba robando. Era raro verte sonreír con tanta facilidad aún al saber que estabas muriendo de a poco.

“Daniela” me dijiste en uno de esos días en los que estábamos acostados en mi cama viendo el techo “Si es niña quiero que se llame Daniela, alguien me dijo que significaba justicia de Dios y si al final Dios va a decidir entre mi vida y la suya quiero que la justicia sea la razón para que ella viva desde su primer momento fuera de mi.” Sonreí y te vi hacer lo mismo, te dije que estaba bien, que era un lindo nombre. “Daniela me gusta, es un nombre fuerte y aún así es lindo” Eran los instantes que vivíamos como si no hubiera mañana o más bien, los instantes que vivíamos sabiendo que quizás ya no habría un mañana para nosotros.

Es curioso como una vida puede cambiarlo todo y más aún cambiarlo todo cuando aún no tiene conciencia de si misma. Daniela vino a cambiar nuestras vidas desde el momento en que decidimos vivir juntos. Queríamos un departamento pequeño, sólo para nosotros. Queríamos dos cuartos uno sería tu estudio. ¿Te acuerdas cuanto tardamos decorando ese pequeño lugar como tu querías? ¿Te acuerdas como empezamos a planear el cambio del estudio a su cuarto cuando supimos que estabas embarazada?

Llegamos al hospital y nos atendieron en urgencias, te veías muy débil pero no dejabas de sonreír. Me había costado aceptarlo pero tu estabas segura, si en algún momento se tenía que decidir si tu vida o la de Daniela, ella era quien debía sobrevivir. Te llevaron al quirofano, intentaron salvarlas a ambas pero después de algunas horas de angustia una enfermera salió y me avisó que no lo habías logrado.

Es curioso estar en un funeral con un bebé esperando por ti en el hospital, esperando en los cuneros a que llegue su papá a abrazarla. Se que era tu deseo y sólo por eso se va a llamar Daniela, sólo por eso Daniela y yo vamos a seguir adelante hasta que el tiempo nos impida seguir caminando.

Y desde aquí vamos a recordar a la mejor madre del mundo, que decidió dar su vida por la de su hija, de una manera más que poética, literal.

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