Archivo para 5 septiembre 2011

Bonus Track.

La mancha roja en el piso está fresca, no hace mucho tiempo que él llegó. Salió a comer hace dos días como de costumbre y probablemente ahora está en el baño. Es normal que nunca limpie su desastre hasta que está tranquilo, el olor a sangre siempre lo altera en esos momentos, quizá nunca se acostumbre a esta vida.

Eso fue lo que me dijo Ana, su esposa, antes de que Nicolás saliera a la entrevista.

-Todo pasó tan rápido ese día- Me dice Nicolás mientras mira por la ventana- Hoy en día ya nadie cree en los lobos más que como animales que viven en los bosques, esos lobos que sólo lo son en algunos momentos han sido olvidados.

-¿En algunos momentos? ¿Quieres decir, hombres lobo?- Pregunté escéptica.

-Si, hombres, mujeres, niños. Todos pueden ser un lobo por algún momento, algunos vivimos condenados otros simplemente se dejan llevar.- No dejaba de ver por la ventana, parecía como si estuviera recordando cosas importantes. -Yo … Yo no quería convertirme en lo que soy, tenía una vida feliz y realmente no pedía nada. Tenía un trabajo un hijo y mi esposa. Mi vida estaba completa.

-¿Recuerdas cómo pasó, Nicolás?

-Nunca podría olvidar ese día, ese día le fallé a Tomás, a Ana … Ese día me fallé.

En ese entonces vivíamos cerca del bosque, a orillas de la ciudad en una casa que, de no ser por las bardas, tenía un jardín por el cual se llegaba al bosque. Solíamos jugar con Tomás en el jardín, le había construido un columpio donde le gustaba pasar horas. La casa era grande, fueron buenos años -Le da un sorbo a su café sin dejar de mirar a la ventana y se acomoda la playera- ese día estábamos preparando las cosas para salir a andar en bicicleta por el bosque. Sería la segunda vez que Tomás iba con nosotros y ya era muy bueno en la bicicleta. Salimos tarde, cerca de las dos, habíamos comido y empezamos el paseo cerca del río iríamos hacia arriba. Empezamos a andar por entre los árboles, Tomás se nos adelantó iba muy rápido y pronto lo perdimos de vista. Lo seguimos, Ana y yo estábamos orgullosos de que tan pronto pudiera ir tan rápido. Estábamos platicando mientras nos acercábamos a él y escuchamos un grito. Aceleramos lo más que pudimos y los gritos aumentaban, era su voz, algo le pasaba a nuestro Tomás; Ana se desesperó y llegó mucho antes que yo, un lobo estaba atacando a nuestro hijo. Era un lobo mucho más grande que la mayoría, tenía el tamaño de un toro y fácilmente estaba devorando a mi hijo. Estaba paralizado, no sabía que hacer -una lágrima recorre su mejilla- Ana se aventó contra el lobo. La adrenalina recorrió mi cuerpo y con la navaja que tenía en el bolsillo ataqué al lobo pero alcanzó a morderme- Se levanta un poco la playera y me muestra la mordida- Logré salvar a Ana pero … -su voz se quiebra- no pude hacer nada por Tomás. Merezco ser el monstruo en el que me convertí.

-Veo que es difícil para usted hablar de esto ¿Hace cuanto pasó?

-Fue hace ya casi diez años, hoy Tomás tendría 23 pero lo peor no fue eso.

Lo peor fue la primera vez que yo me transformé, es la cosa más dolorosa que existe. Todo tu cuerpo quema y sientes como si te estuvieran rasgando la piel, tanto dolor te hace perder el control. Quieres hacer que el dolor se vaya pero no hay manera. Empecé a romper cosas, el estudio quedó destrozado. Ana estaba aterrada, su mirada me hizo sentirme un monstruo y huí, salí por el jardín y seguí corriendo. Aún no lo sé a ciencia cierta pero creo que la transformación te hace gastar tanta energía que a los pocos minutos mueres de hambre y de nuevo el instinto toma el control. Empecé a recorrer el bosque con la esperanza de encontrar algo que comer y poco a poco sentí el olor de carne a lo lejos.

Esa fue la primera vez que maté un animal y no regresé a casa hasta dos días después. Cuando vuelves a ser humano tus músculos parece que explotarán y todo el cuerpo te duele.- ríe un poco- Al menos ahora tengo el cuerpo de un campeón, ja.

Poco a poco Ana recuperó la confianza en mi y ahora vivimos estables. Esta casa está lejos de la otra, totalmente del otro lado porque ese animal que comí ese día era el lobo que me convirtió, el lobo que mató a mi hijo. No me arrepiento, realmente creo que el también estaba agradecido y siento que de alguna forma lo liberé.

-Una última pregunta ¿No han pensado tener hijos de nuevo, iniciar una nueva vida?

-No sabemos que podría pasar si alguien como yo tiene hijos, tenemos miedo pero siempre queda una segunda oportunidad.

Todos tenemos otra oportunidad de salvarnos.

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El guerrero del viento y la princesa verde

Esta es la historia de un guerrero que había caminado por mundos enteros buscando a la doncella que perdió cuando niños, una doncella que era reina de los bosques y los animales. El era un guerrero de viento y agua, de mares y nubes, de la tierra de las dunas grandes. Se conocieron en el fin del mundo cuando eran niños pero el tuvo que partir porque su camino lo indicaba.

Hoy, muchos años después ambos crecieron y el tiempo lo había convertido en un hombre fuerte pero su corazón seguía perteneciendo a Estela, la niña del fin del mundo. El día que se separaron fue como si una parte de su cuerpo hubiera muerto, algo en su forma de actuar cambió y se volvió tan despiadado como era necesario para cumplir su destino. Era frío y hablaba poco, realmente no era nada de lo que Estela conoció, quizá por ella era así, quizá por el mundo se volvió así.

Hoy, muchos años después ambos crecieron y el tiempo la había convertido en una doncella ágil y lista para lo que fuera que se encontrara en el camino pero su corazón se había roto desde que Adrián, el niño del fin del mundo, se había ido. Desde ese día en que se fue ella recorrió los bosques nuevos del mundo errante, se hizo amiga de los caballos dorados y de los lobos de humo. Poco a poco los bosques la reconocieron como la Princesa Verde y estaban a su servicio. Se volvió dulce con los animales pero muy desconfiada de la gente.

Adrián caminaba por las orillas de las dunas de sal hacia el bosque largo, algo lo llamaba y sus misiones en las minas de cristal habían terminado. Era libre después de tantos años. El paso era lento pero constante y a cada que paso que daba el viento, que era su aliado desde hace ya mucho tiempo, borraba sus huellas. Las nubes negras seguían sus pasos evitando que el sol hiciera que su camino fuera más difícil y poco a poco se acercó a la casa de la Princesa Verde, a orillas del bosque largo.

La Princesa Verde lo había visto venir desde que se acercaba por el mar verde de los delfines rosas, los cuervos de humo se lo habían confirmado y ella lo esperaba, paciente como si nunca hubiera dejado de creer que él vendría. Se había reavivado la esperanza en lo que quedaba de su corazón pero con ella también la ira y el dolor. Nunca le había perdonado que la abandonara, no sabía porqué regresó.

La Princesa Verde esperaba al Guerrero del viento en bosque largo. Mucho tiempo había pasado desde el fin del mundo. La luna había crecido y disminuido desde que los cuervos de humo le avisaron que se acercaba y las nubes grises que venían con el comenzaban a disiparse. El Guerrero del viento había guardado su espada y había cambiado sus viejas pieles por la ropa negra y la cota de malla que había comprado en el pueblo de los nómadas de las montañas. Se sentía triste de haber dejado su caballo del otro lado del mar pero al menos así sería más fácil que los lobos de humo lo dejaran pasar.

La Princesa Verde le pidió al jefe de los caballos dorados que la dejara montarlo, se acercó a las dunas de sal lo más que pudo y bajó de él. Caminó en dirección al mar verde esperando encontrarse con Adrián en algún punto cerca de la mitad. Quería verlo, estaba desesperada por encontrarlo de nuevo. Repetía su nombre en su mente porque, para ella nunca dejaría de ser Adrián, el niño del fin del mundo. Para cuando se dio cuenta ya no lo repetía en su mente, estaba corriendo y gritándolo, las lágrimas recorrían sus mejillas y la desesperación se notaba en sus ojos.

Adrián la escuchó, su corazón se alteró, sintió cosas que hacía mucho tiempo no sentía. Estela era la voz que escuchaba en su mente desde que dejó las minas de cristal y ahora que la tenía tan cerca sentía que escuchaba su voz. Poco a poco se dio cuenta que no era otra ilusión, era realmente su voz. Empezó a correr hacía donde la escuchaba y tan rápido como pudo haber pasado estaban de frente, llorando y lo único que supieron hacer fue abrazarse como la última vez.