Bonus Track.

La mancha roja en el piso está fresca, no hace mucho tiempo que él llegó. Salió a comer hace dos días como de costumbre y probablemente ahora está en el baño. Es normal que nunca limpie su desastre hasta que está tranquilo, el olor a sangre siempre lo altera en esos momentos, quizá nunca se acostumbre a esta vida.

Eso fue lo que me dijo Ana, su esposa, antes de que Nicolás saliera a la entrevista.

-Todo pasó tan rápido ese día- Me dice Nicolás mientras mira por la ventana- Hoy en día ya nadie cree en los lobos más que como animales que viven en los bosques, esos lobos que sólo lo son en algunos momentos han sido olvidados.

-¿En algunos momentos? ¿Quieres decir, hombres lobo?- Pregunté escéptica.

-Si, hombres, mujeres, niños. Todos pueden ser un lobo por algún momento, algunos vivimos condenados otros simplemente se dejan llevar.- No dejaba de ver por la ventana, parecía como si estuviera recordando cosas importantes. -Yo … Yo no quería convertirme en lo que soy, tenía una vida feliz y realmente no pedía nada. Tenía un trabajo un hijo y mi esposa. Mi vida estaba completa.

-¿Recuerdas cómo pasó, Nicolás?

-Nunca podría olvidar ese día, ese día le fallé a Tomás, a Ana … Ese día me fallé.

En ese entonces vivíamos cerca del bosque, a orillas de la ciudad en una casa que, de no ser por las bardas, tenía un jardín por el cual se llegaba al bosque. Solíamos jugar con Tomás en el jardín, le había construido un columpio donde le gustaba pasar horas. La casa era grande, fueron buenos años -Le da un sorbo a su café sin dejar de mirar a la ventana y se acomoda la playera- ese día estábamos preparando las cosas para salir a andar en bicicleta por el bosque. Sería la segunda vez que Tomás iba con nosotros y ya era muy bueno en la bicicleta. Salimos tarde, cerca de las dos, habíamos comido y empezamos el paseo cerca del río iríamos hacia arriba. Empezamos a andar por entre los árboles, Tomás se nos adelantó iba muy rápido y pronto lo perdimos de vista. Lo seguimos, Ana y yo estábamos orgullosos de que tan pronto pudiera ir tan rápido. Estábamos platicando mientras nos acercábamos a él y escuchamos un grito. Aceleramos lo más que pudimos y los gritos aumentaban, era su voz, algo le pasaba a nuestro Tomás; Ana se desesperó y llegó mucho antes que yo, un lobo estaba atacando a nuestro hijo. Era un lobo mucho más grande que la mayoría, tenía el tamaño de un toro y fácilmente estaba devorando a mi hijo. Estaba paralizado, no sabía que hacer -una lágrima recorre su mejilla- Ana se aventó contra el lobo. La adrenalina recorrió mi cuerpo y con la navaja que tenía en el bolsillo ataqué al lobo pero alcanzó a morderme- Se levanta un poco la playera y me muestra la mordida- Logré salvar a Ana pero … -su voz se quiebra- no pude hacer nada por Tomás. Merezco ser el monstruo en el que me convertí.

-Veo que es difícil para usted hablar de esto ¿Hace cuanto pasó?

-Fue hace ya casi diez años, hoy Tomás tendría 23 pero lo peor no fue eso.

Lo peor fue la primera vez que yo me transformé, es la cosa más dolorosa que existe. Todo tu cuerpo quema y sientes como si te estuvieran rasgando la piel, tanto dolor te hace perder el control. Quieres hacer que el dolor se vaya pero no hay manera. Empecé a romper cosas, el estudio quedó destrozado. Ana estaba aterrada, su mirada me hizo sentirme un monstruo y huí, salí por el jardín y seguí corriendo. Aún no lo sé a ciencia cierta pero creo que la transformación te hace gastar tanta energía que a los pocos minutos mueres de hambre y de nuevo el instinto toma el control. Empecé a recorrer el bosque con la esperanza de encontrar algo que comer y poco a poco sentí el olor de carne a lo lejos.

Esa fue la primera vez que maté un animal y no regresé a casa hasta dos días después. Cuando vuelves a ser humano tus músculos parece que explotarán y todo el cuerpo te duele.- ríe un poco- Al menos ahora tengo el cuerpo de un campeón, ja.

Poco a poco Ana recuperó la confianza en mi y ahora vivimos estables. Esta casa está lejos de la otra, totalmente del otro lado porque ese animal que comí ese día era el lobo que me convirtió, el lobo que mató a mi hijo. No me arrepiento, realmente creo que el también estaba agradecido y siento que de alguna forma lo liberé.

-Una última pregunta ¿No han pensado tener hijos de nuevo, iniciar una nueva vida?

-No sabemos que podría pasar si alguien como yo tiene hijos, tenemos miedo pero siempre queda una segunda oportunidad.

Todos tenemos otra oportunidad de salvarnos.

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