Desierto

Cada uno de los pasos que daba lo acercaba más a su destino, un destino que el no conocía pero que su corazón seguía guiándolo hacia allá. Cada uno de esos pasos también lo alejaban de ese punto en su pasado, que como una plaga solía regresar, ese punto que él planeaba dejar atrás.

Ese destino no era una excusa y a cada momento el llamado era más fuerte.

Caminar por el desierto de las palabras que no se han dicho, con ese aire caliente de los presentimientos y los sonidos de los momentos por venir, pasar por todo eso sólo por una corazonada. Por un destino que no conoce pero que está seguro de que existe, que de cierta forma le da la seguridad de que pronto todo será diferente. Mejor.

Caminar entre los sueños y los deseos que se confunden con su realidad y que poco a poco toman formas indescriptibles, que al final lo consumen y lo llenan de deseo.

Caminar para sentir su piel entre sus dedos de nuevo y probar sus labios una vez más. Sentir como se agita su respiración con sólo besarla y como ambos tiemblan de ganas de más.

Ese destino desconocido que le recuerda a su voz, en este mundo tan irreal sus recuerdos parecieran aún más imposibles que lo que observa a su alrededor. Pareciera que todo eso que ha vivido con ella son sólo sueños de alguien más, sueños que le contaron y el hizo propios. Pero estaba tan seguro de su cordura que sabía que esto era sólo una trampa más, otro reto para poder llegar a ella.

Cada que se detenía a descansar caía y al caer dormía y siempre que dormía soñaba con sus labios y con sus ojos. Sus ojos como ese día bajo la luz de la luna, ese día que brillaban como si fueran la luna misma. Aún no estaba seguro si ese destino era ella o no, pero sabía que estaban profundamente ligados, quizá si llegaba pronto al destino podría salir pronto de este mundo lleno de ilusiones y llegaría de nuevo a ella.

Las voces del desierto le recordaban a toda esa gente que había pasado por ahí antes que él, gente que no conocía y que probablemente nunca conocería pero que le decían que se rindiera, que no valía la pena seguir avanzando. Le decían que al final el destino era el principio y que no había salida, que nunca llegaría a lo que fuera que estaba buscando, a lo que él sólo podía replicar “Si ustedes tienen razón deberían seguir aquí, si tienen razón sus voces no estarían” mientras intentaba seguir caminando sin pensar en otra cosa que no fuera llegar.

En algunos momentos lo atacaba la duda, dudas que venían desde su mundo anterior, lo acechaban los pensamientos de inseguridad sobre dónde estaría ella y con quién. ¿Lo habría olvidado ya? ¿Seguiría esperando a que llegara? Era difícil de saber, ella es tan desesperada como él y probablemente ya no esté. No importaba cuan imposible pareciese que ella siguiera esperando el no se daba por vencido y seguía caminando un poco más.

Y a cada paso que daba él estaba seguro que estaba más cerca de llegar a ninguna parte pero más lejos de donde empezó y ninguna parte siempre es mejor que algún lugar. Por que nada a veces es mejor que todo, porque cuando se tiene nada siempre se puede tener más y rellenar ese espacio de vacío con todos los momentos por venir y cuando uno ya tiene todo, no queda espacio para nada más.

Entonces el siguió caminando, un paso a la vez, seguro de que cuando por fin llegara a su destino, ese destino que no conocía pero lo llamaba, podría llegar a ella y al no tener nada podría llenar su vida de momentos nuevos, momentos suyos.

Así fue como volvió a detenerse a descansar y cayó y durmió y soñó, pero al despertar ya no estaba en ese mundo extraño. Al despertar estaba en un cuarto que no conocía, un cuarto que se le hacía familiar, en esa cama que olía de una manera que le recordaba a ella y así fue como al dar la vuelta la vio acostada a su lado. Porque cuando se dio cuenta de que no quería nada más que momentos con ella pudo despertar para empezar de nuevo, esta vez de una manera correcta y poder vivir con ella todos los momentos de su nada.

También se dio cuenta que los colores que tenía el cielo de ese desierto eran los colores del cabello de la chica del cabello de aurora, ella era su sueño, su desierto. Ella siempre fue el mundo y no el destino.

Ella, era.

Ella es.

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