La carretera [Todos Santos. Parte 1]

Supongo que eso es lo que pasa cuando te das cuenta de que ya no tienes gasolina y estás parado a la mitad de un lugar olvidado por Dios, dijo Esther mientras me abrazaba y nos acomodábamos en el asiento trasero de Debbie, el Ford Galaxy 500 que me había heredado mi abuelo.

No estamos tan lejos, le dije mientras jugaba con su cabello, teóricamente Todos Santos está a una hora de distancia en auto, no creo que tardemos tanto caminando mañana por la mañana. Lo importante ahora es dormir, Essy. La besé y cubrí nuestros cuerpos con la cobija que traíamos en la cajuela.

¿Dormir, es en serio? Me tienes aquí, solos, en un lugar desierto y de noche, semi desnuda y ¿Lo que quieres es dormir? -desabrochó mi camisa poco a poco y, con una cara bastante conocida, me dijo- Si quieres dormir, sal del auto. Yo pienso disfrutar cada momento de este viaje al que me trajiste. – Se quitó la blusa y terminó de quitarme la playera, nos besamos apasionadamente mientras el viento aumentaba de velocidad a fuera y  la arena de la carretera hacía pequeños remolinos, empecé a besar su cuello lentamente y con habilidad le quité el brassiere rojo que tanto me gustaba. El resto de la ropa terminó junta, debajo de los asientos delanteros e incluso en la palanca de velocidades, el frenesí en el que se convirtieron los primeros besos convirtió el viejo Ford en un campo de batalla donde nuestros cuerpos estaban en guerra en el pequeño espacio que teníamos. Sus labios recorrían mi pecho y mis manos acariciaban su espalda, iba bajando y el mundo a nuestro al rededor perdía sentido, sólo existían nuestros cuerpos y todo empezaba a desvanecerse. Fue una noche larga e intensa, una noche que duró más de doce horas y que recordaría por más de una vida.

Todos Santos, ese es nuestro destino. Una playa, un coche, una chica y yo. Eso decía la carta que me dejó el abuelo o más bien, la nota que dejó en el coche que me dejó a mi. Supongo que era un recordatorio de algo que quería hacer cuando era joven o algo que hizo siendo joven. Lo tomé como un reto y una oportunidad, podía decirle a Esther que el abuelo me dejó encargado ese viaje y no podría decir que no. Iríamos a la playa juntos por primera vez y dejaría de ser un plan que teníamos desde hace mucho, vaya que era algo bueno ya que nuestros planes por lo regular terminaban siempre quedando de lado hasta que los olvidábamos y empezábamos algo nuevo. En realidad esto era tan simple que no sabía que iba a pasar cuando llegáramos a la playa, no sabía que pasaría en Todos Santos cuando estuviéramos ahí pero pues, ya lo descubriríamos.

Despertar en un auto con una chica hermosa y desnuda sobre ti, no es algo que pasa todos los días – Besé la frente de Essy y acaricié sus mejillas- es hora de levantarnos, amor, debemos empezar a caminar si queremos llegar pronto a Todos Santos.

Está bien, no entiendo cual es la prisa por llegar si con el calor que está haciendo no avanzaremos tan rápido como esperabas – me besó lentamente y nos sentamos para empezar a vestirnos- de hecho creo que sería más conveniente esperar a que algún auto nos ayude, sería más fácil que viajar con este sol.

Tenía razón, el calor estaba aumentando y para dos jóvenes que pocas veces habían salido de la ciudad de México, donde el clima es regularmente templado,  en cuestión de horas se nos haría insoportable.

Tengo que aclarar que esta puede no ser la historia que esperan leer, que probablemente no llena tus expectativas y que seguramente no aprendas nada de ella pero, es una de las cosas que marcaron la creación de mi mundo. Mi mundo está lejos de aquí y hace tiempo que no regreso a él pero Essy está allá, esperándome y no la defraudaré. No de nuevo.

Essy bajó del auto y se sentó en el cofre a esperar a que alguien pasara mientras se fumaba un cigarro. ¿Crees que tarde mucho alguien en pasar, Fer? – Me preguntó mientras le daba otra fumada al Camel que tenía entre los dedos- Porque, si vamos a esperar mucho podría quitarme la blusa y ponerme a broncear en lo que alguien aparece.

No creo que tarden, pero no pierdes nada con ocupar el tiempo, Cabo San Lucas no está tan lejos de aquí. Esperemos que venga pronto alguien desde allá. – Me senté a un lado de Debbie, ocupando la sobra que creaba su silueta como protección del sol- Y esperemos que sea alguien que nos ayude.

Como cualquier citadino, era desconfiado y no pensaba que algún auto fuera a ayudarnos por el simple hecho de pedirlo, cargábamos con cerca de quince mil pesos y habíamos aventado a la calle los celulares incluso antes de salir de la ciudad. Nadie sabía a donde iríamos ni había manera de contactarnos. Era realmente nuestra primer aventura, así que pedir ayuda no representaba gran diferencia a lo que habíamos estado haciendo.

¡Mira, Fer, ahí viene una camioneta! – voltee lentamente la mirada y vi a lo lejos acercarse una camioneta blanca, era probablemente una Explorer. Me levanté y junto con Essy nos pusimos a hacerle señas a la camioneta, esperando a que se detuviera y nos ayudara.

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